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 Área de Derechos Humanos y Cooperación Internacional  
 

Experiencias de una participante en el viaje solidario a Senegal

LA FORTALEZA DE LAS MUJERES AFRICANAS

Mercedes de la Fuente Ramos

Tuve la oportunidad de participar en un viaje solidario a Senegal promovido por el Centro UNESCO de la Comunidad de Madrid. Ha sido un viaje duro, por tener que adaptarnos a unas formas de vida muy básicas, con unas condiciones climáticas problemáticas por encontrarnos en la estación lluviosa, en un país cuya escasez de infraestructuras complica los desplazamientos y con dificultad de acceso a ciertos lugares, como el país Bassari.

Aparte de estas consideraciones, me sorprendió la belleza del paisaje. La frondosidad, la abundancia de agua, la luz africana, y los colores de la tierra forman un conjunto para mí inesperado e impactante que se realza por la belleza de sus gentes. Pero los senegaleses no sólo poseen hermosos cuerpos; son personas educadas, amables, que proporcionan sensación de confianza hasta el punto en que descuidábamos, de forma imprudente, nuestros objetos de valor y documentación, en la confianza de que nadie iba a tocarlos. El país, con un potencial de riqueza muy importante, posee grandes deficiencias estructurales, pobreza evidente, escasez de recursos y asistencia sanitaria y dificultades de escolarización. Todos estos elementos quedaron disminuidos en mi impresión por otro elemento menos perceptible, aparentemente, pero que se presentó de forma inesperada y para el que no me había preparado mentalmente: la fortaleza de las mujeres africanas.

Tuvimos ocasión de reunirnos con asociaciones de mujeres y de jóvenes en algunos puntos del país. Durante la reunión que mantuvimos en Ziguinchor con la Asociación de Mujeres y la Asociación de Jóvenes de la Casamance, escuchamos cómo los jóvenes nos explicaban las dificultades que encuentran para convertirse en profesionales cualificados. Las mujeres, por su parte, nos contaban la forma en que intentaban sacar el mayor provecho posible de los pocos recursos que tenían, asociándose, creando sus propios fondos para dar microcréditos a las mujeres que más los necesitaban, explotando los recursos de forma racional, e intentando extraer de todo ello el mayor beneficio para sus familias, con la intención de evitar, entre otras cosas, la migración de sus hijos a Europa.

Escuchando a estas mujeres, una palabra entró en mi cabeza repitiéndose machaconamente durante el resto de la reunión. La palabra era empoderamiento. La Declaración de Beijing de 1995 se compromete al empoderamiento de las mujeres de todo el mundo. Esto lo conocemos como teoría, lo leemos en diversos documentos oficiales, ensayos, análisis...pero yo vi ese día el empoderamiento de la mujer delante de mí. Aquel término que me resultaba tan extraño se convirtió ese día en algo relevante, de una importancia trascendental. La capacidad de aquellas mujeres para adaptarse y sacar beneficio de su entorno me pareció sobrecogedora. Sabían perfectamente lo que necesitaban. Conocían sus potenciales y sus necesidades. Encontré una diferencia importante entre la forma de plantear la situación que tenían las Asociaciones de jóvenes y las de mujeres. Los jóvenes planteaban quejas sobre el sistema; las mujeres planteaban necesidades concretas, bien estudiadas. Otras asociaciones de mujeres y jóvenes en otros lugares me produjeron la misma sensación. Las mujeres senegalesas saben perfectamente lo que necesitan y son las que están moviendo su sociedad. Las mujeres son fuertes, protegen sus intereses, protegen a su familia, saben lo que quieren. Empoderamiento. Para mí ha cambiado para siempre la visión de ese extraño término porque lo he visto en la realidad, de forma palpable y en acción, en la actitud de esas mujeres que no se rinden, que no se quejan, que trabajan duro, que son capaces de ahorrar para ayudar a otras, que practican la solidaridad de forma sencilla y real y que lo hacen desde la inmensa fuerza que les desborda.

La UNESCO protege el Patrimonio de la Humanidad. Pero este viaje me ha revelado que, si bien la Alhambra o el Taj Mahal son monumentos maravillosos y que sobrecogen por su belleza, el mejor Patrimonio de la Humanidad radica en el propio ser humano, en estas fuertes mujeres africanas y en su ejemplar concepto de solidaridad. Empoderamiento de las mujeres: ahí tenemos el ejemplo. Promovamos ese potencial que puede cambiar las condiciones en África. Lo van a lograr las mujeres. Ahora estoy segura de ello.

- Rama Diatta, Secretaria General de la Federación Regional de la Promoción Femenina de Ziguinchor (FRGPF) Contraparte del Centro Unesco de la Comunidad de Madrid en la Casamance.

- Rama Ducure, Tesorera de FRGPF

- Boubacar Sadyo, Presidente del Consejo Depatamental de la Juventud en la Casamance.

- Omar Kane, Tesorero de CDJ.

- Luz Modroño, Presidenta del Comité de ddhh y Cooperación Internacional del Centro UNESCOCM